10 formas en las que podemos usar la ira para propósitos saludables

10 formas en las que podemos usar la ira para propósitos saludables

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“La ira, como el fuego, es una fuerza primordial. Cuando no se controla, puede ser destructiva, sin embargo, cuando se administra y se usa con prudencia, puede ser un instrumento beneficioso y poderoso que conduce a la luz”.

Los padres somos clave en el aprendizaje de nuestros hijos. Nuestros niños aprenden más de “nuestro hacer que de nuestro decir”. Es así que inculcaremos valores y fomentaremos su inteligencia emocional tanto con lo que les comunicamos verbalmente como con nuestras acciones; idealmente, en congruencia con nuestros propios principios. Lo que sentimos como padres con respecto a las emociones puede afectar significativamente la forma en la cual ejercemos nuestra paternidad y en cómo ayudamos a nuestros niños en el manejo de sus emociones. Las emociones deben ser sentidas y expresadas.

Algunos padres piensan que si enseñan a sus niños a conectarse con sus emociones, los mismos serán menos fuertes o menos independientes. La investigación muestra que lo opuesto es verdad. Como seres humanos, estamos conectados para la comunicación emocional. Toda persona siente emociones y necesita expresarlas (Gottman, 2012). Una expresión apropiada de las emociones puede servir en el proceso de regulación emocional. La regulación emocional es la capacidad de comprender los sentimientos y manejarlos de un modo sano. Los niños se ven obligados a regular sus emociones todo el tiempo, en el juego con otros, al saber gestionar su fuerza para cumplir un propósito sin lastimar a otros o al pasar de un juego de fútbol en el recreo a volver al aula y concentrarse en la clase de matemáticas. A través de la regulación emocional, las habilidades sociales y la empatía, los niños desarrollan inteligencia emocional, un predictor clave del éxito futuro de nuestros niños en todos los ámbitos. Este artículo se centra en la regulación de una emoción con una reputación bastante desfavorable, la ira. Apostamos a que este artículo fomente la conciencia de la importancia de expresar la ira de un modo saludable para beneficio propio y como modelado en sus hijos.

El enojo o la ira

La ira es una fuerte sensación de enfado. A menudo es una reacción al estrés, al fracaso o la injusticia. La ira puede variar de irritación leve a furia total. Es una emoción poderosa que puede influir en los patrones de pensamiento y las elecciones de comportamiento de las personas. También puede causar síntomas físicos. Una persona enojada puede desarrollar dolores de cabeza, respiración rápida o aumento de las pulsaciones cardíacas.

Es normal experimentar enojo o ira. La diferencia entre estas está principalmente en la intensidad, siendo la primera un tanto menos intensa que la última. Al igual que muchas emociones, la ira en sí misma no es buena ni mala. Las consecuencias de la ira dependen de cómo una persona reacciona a la emoción. La ira puede surgir en diferentes formas. La expresión destructiva de la ira es la que nos viene a la mente más fácilmente cuando pensamos en la ira, como al golpear o patear. La ira también puede voltearse hacia adentro y volverse auto-destructiva siendo nosotros mismos quienes recibimos “el golpe”.  Esta forma de manejar la ira nos puede llevar a la depresión y/o a una autoimagen devaluada. Otros pueden expresar enojo de una manera pasivo-agresiva, muchas veces derribando a otras personas, criticándolas y siendo cínicos, algo que no solo lastima a los demás, sino que también destruye las relaciones. Otros (con suerte ustedes estarán en este equipo) pueden expresarla adecuadamente, podríamos decir, asertivamente, haciendo uso de su inteligencia emocional para operar hacia el objetivo deseado.

La ira no siempre es una reacción a una circunstancia presente. A veces, una situación nos recordará inconscientemente a una persona o experiencia pasada. Una persona puede desplazar su enojo sobre el pasado a la situación actual. La realidad es que la ira, generalmente tiene menos que ver con un evento y más con la forma en que una persona reacciona al evento. Ciertos patrones de pensamiento negativos a menudo preceden a un estallido de ira, como por ejemplo, culpar (especialmente para evitar la responsabilidad o la vergüenza), generalizar, pensar rígidamente, leer la mente o sentirse abrumado. Al desafiar estos patrones de pensamiento, la mayoría de las personas puede reducir su enojo.

Pero la ira también puede provenir de una interpretación adecuada de nuestro entorno y puede propagar respuestas saludables que fomentan el crecimiento, brindan la oportunidad de conectarse emocionalmente con otros fortaleciendo así las relaciones y también servir para apoyar poderosamente una causa.

Formas en las que podemos usar la ira para propósitos saludables:

Desde una perspectiva evolutiva, todas las emociones son apropiadas en ciertas circunstancias y cuando se experimentan en un grado óptimo, proporcionan los recursos para operar de manera efectiva hacia un objetivo deseado. Como mencionamos anteriormente, la ira no es solo una reacción agresiva. La ira puede indicarnos el camino a seguir brindándonos información que nos permita relacionarnos mejor con el mundo que nos rodea (así como con nosotros mismos). Si vemos la ira como algo que nos informa, podemos adaptar nuestra respuesta en consecuencia para lograr objetivos saludables.

1. La ira está diseñada para promover la supervivencia

Las emociones son fundamentales por su carácter adaptativo y de supervivencia.Nuestra respuesta de lucha, que evolucionó para poder defendernos del peligro, proviene de la ira. La ira está incrustada en nuestra necesidad de sobrevivir al protegernos de la agresión de otros o del entorno. La ira nos impulsa a estar muy atentos a las amenazas y agudiza nuestra atención. Cuando nos sentimos amenazados o atacados, la ira se activa automáticamente y nos empuja a luchar y actuar de forma rápida y enérgica para protegernos. En este escenario de lucha o huida, la ira puede ser necesaria para la supervivencia.

2. La descarga de la ira puede tener un efecto tranquilizante

Cuando estás enojado, experimentas dolor físico y emocional. Al experimentar esta angustia física y emocional, te ves motivado a hacer algo al respecto, idealmente a resolver el problema en lugar de padecerlo. Como tal, la ira te ayuda a sobrellevar el estrés descargando primero la tensión en tu cuerpo, calmando tus “nervios”. Es por ello que luego de una fuerte reacción de enojo, sientes calma.

3. La ira ofrece un sentido de control

La ira está relacionada a la necesidad de control. La expresión de la ira protege lo que es nuestro, ayudándonos a sentirnos a cargo, en vez de indefensos. Esta reacción es habitual por ejemplo, cuando vemos que alguien lastima a nuestros niños, nuestra reacción ante el enojo, es salir a defenderlos aún sin saber qué ha sucedido, apostando a retomar el control de la situación para evitar que lastimen a los nuestros. Una vez sentimos que tenemos control de la situación (y de nosotros mismos), tendremos consideración de los demás y escucharemos lo sucedido, dando valor a ambas perspectivas (o más) para lograr una óptima resolución del conflicto.

4. La ira motiva a resolver problemas

Relacionado a lo anterior, muchas veces sentimos que las cosas no son como se supone que deben ser y esto despierta nuestro enojo. Sentimos que algo debe cambiar. La ira nos impulsa a hacer algo y nos motiva a encontrar soluciones a nuestros problemas. La ira se dispara cuando enfrentamos un obstáculo o individuo que bloquea nuestras necesidades. Nos prepara para lidiar con el obstáculo que aparece en nuestro camino y así poder llegar a donde queremos estar. Una vez que sabemos lo que queremos o necesitamos, podemos dejar de enfocarnos en lo que no tenemos y encontrar maneras de sentirnos positivos acerca de cómo cambiar la situación. Una vez fortalecidos por este sentimiento, podemos encontrar formas de abrir el diálogo sobre los sentimientos negativos. Este diálogo debe incluir el asumir cierta responsabilidad acerca del problema, una queja que exprese nuestras necesidades y evitar criticar a quien se encuentra del otro lado de nuestro objetivo.

5. El enojo nos permite darnos cuenta de que algo es injusto

A menudo experimentamos enojo cuando a nosotros, o a otros, se nos niegan derechos o cuando nos enfrentamos a insultos, falta de respeto, injusticia o explotación. Esto generalmente despierta un tipo de enojo que llamamos indignación. La indignación se define como un sentimiento de enojo cuando piensas que algo es injusto. Esta ira sirve como un sistema de orientación interna que indica que algo no está del todo bien, que alguien nos ha tratado (o a otros) injustamente. A nivel mundial, defender la falta de equidad puede evitar que las personas se aprovechen de los demás. Este sentimiento puede impulsar la acción para hacer oír su voz y abogar por una causa justa que genere un cambio positivo en la sociedad y aumente el costo social de portarse mal. Sin duda, esta faceta del enojo nos permite inculcar valores en nuestros niños.

6. El enojo nos energiza y nos conduce hacia nuestros objetivos

Desde una perspectiva de supervivencia, nos defendemos cuando tomamos represalias y hacemos que otras personas nos teman. La ira nos protege cuando alguien quiere lastimarnos. Nos da la fuerza y la agresión para ayudarnos a vencer a un enemigo más fuerte. Puede servir como una fuerza positiva para motivarnos a defendernos y encontrar soluciones creativas a los desafíos que enfrentamos. Una vez más, solo debemos ser capaces de divorciarnos de la propensión a dañar o destruir y, en su lugar, simplemente usarlo para defender nuestros derechos sin violar los derechos de los demás. La ira nos empuja a perseguir nuestros objetivos y recompensas deseadas. Cuando no obtenemos lo que queremos, se desencadena la ira e indica que nos hemos alejado de nuestros objetivos deseados. Mediante la expresión adecuada de nuestras necesidades y objetivos, podemos comunicarnos con los demás y juntos encontrar una mejor solución.

7. La ira protege los sentimientos “dolorosos”

La ira a menudo se describe como una “emoción secundaria” porque las personas tienden a usarla para proteger sus propios sentimientos crudos, vulnerables y abrumadores. Bajo nuestra ira aparente, puede haber un dolor que parece difícil de soportar. La ira nos protege de sentir emociones aún más dolorosas. Lo sano es poder explorarlas cuando nos sintamos contenidos y emocionalmente fuertes y que sirvan para fomentar nuestro crecimiento intrapersonal e interpersonal.

8. La ira nos impulsa a alcanzar un sentido más profundo y proteger nuestros valores y creencias.

Relacionado con lo anterior, los arrebatos de ira pueden ser como erupciones que nos informan de que hemos estado reprimiendo algunas emociones más fuertes. Estos pueden incluir miedos profundos como el miedo a ser rechazado, no amado o abandonado, entre otros temores. La ira nos da una idea de nosotros mismos, ya que es la capa de problemas más profundos que están más ocultos. Es por eso que es importante rastrear el rastro de la ira y cavar para encontrar y abordar su origen. Solo después de descubrir qué fue lo que produjo la ira, podemos liberarnos de la miseria que a veces induce.

Los arrebatos de ira también pueden servir como indicadores de valor social y personal. La ira se activa cuando nuestros valores no están en armonía con la situación que enfrentamos. En consecuencia, nos hace conscientes de nuestras creencias profundamente arraigadas y de lo que representan. También nos motiva a rectificar la discrepancia y a tomar medidas para cambiar la situación (o nuestras creencias) para alinear la realidad que enfrentamos con nuestros valores.

9. La ira puede servir para fomentar la conexión emocional

A veces se producen arrebatos de ira hacia la persona equivocada, generalmente en situaciones de emergencia o crisis. Cuando nos damos cuenta de que hemos sido injustos con los demás depositando nuestra ira sobre ellos, tenemos la oportunidad de reparar, es decir, asumir la responsabilidad de nuestro error y sinceramente pedir disculpas por nuestra reacción, expresar cuáles son nuestros sentimientos más profundos, poniéndonos en una posición vulnerable y de este modo, conectarnos emocionalmente con otros, esta vez fortaleciendo nuestra relación con esa persona.

10. La ira puede conducir a la autoevaluación

La ira puede hacernos crecer como personas e impulsar cambio positivo cuando interpretamos el entorno de modo adecuado y con creencias funcionales. Cuando esto ocurre, nos proporciona una idea de nuestras fallas y deficiencias. Si lo vemos de modo constructivo, podríamos obtener resultados positivos. Por ejemplo, si sabemos que ciertas cosas nos enfadan, podemos trabajar en estos desencadenantes para mejorar su respuesta y, al hacerlo, mejorar nuestra calidad de vida y nuestras relaciones.

Como podemos ver, la ira constructiva puede tener un papel beneficioso en nuestras vidas. Además de la sobrevivencia, la ira puede servir para motivarnos a hacer algo con respecto a una situación que nos está perjudicando (o perjudicando a otros). Mediante el uso de nuestra inteligencia emocional, podemos aceptar emociones incómodas como la ira, en lugar de evitarlas o reprimirlas, y por lo tanto responder al enojo con conductas apropiadas de una manera cooperativa, funcional y empática. Recuerda que, para ser emocionalmente inteligentes, debemos saber quiénes somos, conocer nuestros propios sentimientos y nuestras propias necesidades y ser capaces de comprometer nuestras necesidades en una situación social compleja. Cuando nos enfurezcamos, podemos aceptarlo y expresarlo de una manera saludable, abriendo oportunidades tanto para llegar a un compromiso o para propiciar una conexión emocional que fortalezca la relación. La clave para que la ira sea efectiva parecería ser el lograr expresarla con la persona adecuada, en el grado correcto, en el momento apropiado y con el propósito correcto. Ciertamente no es fácil, pero con suerte, con la práctica y el uso de nuestra inteligencia emocional, tendremos éxito.