Autonomía en el aprendizaje

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“La postura del docente se ha venido configurado desde una perspectiva interaccionista y social del proceso de enseñanza-aprendizaje, adoptando un rol de mediador y facilitador de saberes, utilizando procedimientos y estrategias que le permiten al estudiante, más que repetir un conocimiento, plantearse como un sujeto que comprende y analiza su contexto y es capaz de adoptar una postura crítica frente a éste.”

Los avances y cambios acelerados de la sociedad contemporánea y de sus latentes problemáticas (ambiental, gubernamental, económica) advierten una reflexión profunda al tipo de individuos que se están formando en los colegios del siglo XXI, al tipo de conocimientos y habilidades que se están desarrollando, a sus paradigmas y prácticas de comportamiento y éticas, en un escenario donde abundan la inmediatez, las frágiles relaciones y donde líquidas representaciones e imaginarios sociales se construyen y adaptan mediáticamente.

Los estudiantes no son individuos desprovistos de experiencias, posturas y emociones y tampoco son sujetos ajenos y pasivos ante mandatos de autoridad y adoctrinamiento, y por ello la postura del docente se ha venido configurado desde una perspectiva interaccionista y social del proceso de enseñanza-aprendizaje, adoptando un rol de mediador y facilitador de saberes, utilizando procedimientos y estrategias que le permiten al estudiante, más que repetir un conocimiento, plantearse como un sujeto que comprende y analiza su contexto y es capaz de adoptar una postura crítica frente a éste.

En este sentido, el aprendizaje autónomo manifiesta su fructífera perspectiva pedagógica que busca dinamizar y potencializar las posibilidades de formar sujetos comprometidos, íntegros y críticos en un escenario escolar. El aprendizaje autónomo brinda un marco epistemológico para orientar diferentes técnicas y estrategias en los estudiantes que les permitan convertirse en individuos capaces de aprender a aprender. Supone la formación en determinadas competencias que van más allá de aquellas necesarias para aprobar exitosamente un examen académico, ya que, más bien, busca el desarrollo de habilidades que permitan a los individuos situarse en contexto, es decir, desarrollar la capacidad de valorar un contexto en sus características y problemáticas y  actuar proactivamente en él.

Según Aebli (2001) el aprendizaje autónomo implica tres pilares: el saber, el saber hacer y el querer. Saber supone el autoconocimiento, reconocer el propio proceso de aprendizaje gracias a un continuo ejercicio de auto-observación que posibilita identificar fortalezas, debilidades, emociones y paradigmas que caracterizan dicho proceso. El autoconocimiento permitirá la creación de estrategias y métodos propios para guiar las actividades de aprendizaje, es un saber hacer que se forma gracias a la capacidad de auto-orientación de prácticas y teorías que potencien el aprendizaje del individuo en tanto se basa en sus criterios e intereses. El interés juega un papel fundamental en el aprendizaje autónomo en tanto debe existir una motivación personal para querer aprender  bajo su propia ley, el querer es el ingrediente emocional que moviliza el proceso ya que debe existir un propósito personal, un sentido o un motivo que lo dinamice.

Aunque podría parecer que este tipo de aprendizaje se desarrolla en escenarios aislados y solitarios, el aprendizaje autónomo se logra a partir de experiencias significativas de aprendizaje donde la interacción social y la adaptabilidad y configuración de conocimientos y experiencias previas juegan un papel crucial. El docente adopta un rol de mediador que mediante diferentes paradigmas pedagógicos y curriculares desarrolla en sus estudiantes técnicas y estrategias que le permitan conocerse en tanto ser emocional y racional, construir hábitos que redunden en su bienestar y mejora, visualizar proyectos de vida, problematizar la realidad y ejercitar su habilidad propositiva.


Aprender a aprender puede considerarse como un medio para alcanzar la perfectibilidad del ser humano en tanto supone que el individuo nunca deja de aprender y sus estructuras cognitivas son propensas a continuas modificaciones. En este sentido, la riqueza de esta perspectiva adquiere relevancia en el escenario escolar en tanto empodera tanto a estudiantes como docentes a liderar de manera autónoma y consciente su propio proceso de enseñanza-aprendizaje, privilegiando más que contenidos y datos descontextualizados y vacíos, competencias y habilidades que le permitan acercarse a teorías y mundos de forma independiente, comprender a partir de análisis propios distintos contextos, fenómenos y conceptos, recurrir a diferentes técnicas y métodos de estudio, e identificar situaciones problema en su realidad inmediata planteando reflexiones y posibles soluciones.

BIBLIOGRAFÍA:

AEBLI, H. (2001) Factores de la enseñanza que favorecen el aprendizaje autónomo. Narcea ediciones: Madrid.

Carol Vanessa López

Docente de Ciencias Sociales,

Colegio del Bosque Bilingüe