La fuente de servicios invisible

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En nuestro día a día realizamos diferentes actividades como cocinar, mercar, hacer ejercicio y hasta trabajar desde casa últimamente, pero ¿somos realmente consientes de donde provienen todos esos productos y servicios alrededor de nosotros y que diariamente consumimos? ¿Los materiales de la silla en donde estamos sentados, el material de la envoltura del snack que comemos, la energía eléctrica que estás usando para cargar tu dispositivo móvil, incluso la ropa que llevas puesta?

La naturaleza y las personas siempre hemos estado interconectadas de diferentes maneras, pero la conciencia de los impactos globales de estas interacciones solo se ha hecho evidente hasta hace algunos años. Cuando comprendemos que la naturaleza es finalmente la encargada de proporcionar cada uno de estos beneficios llamados servicios ecosistémicos, agrupados en 3 tipos según La Evaluación de los Ecosistemas del Milenio (EM): los de abastecimiento como los cultivos y el agua dulce, los de regulación como la polinización y los culturales como el ecoturismo, entenderíamos cómo nuestras decisiones impactan de manera positiva o negativa al ecosistema y cómo nosotros permitimos o limitamos que éste se regenere.

Según La EM, la actividad humana está ejerciendo una presión tal sobre las funciones naturales de la Tierra que ya no puede darse por seguro que los ecosistemas del planeta vayan a ser capaces de ofrecer servicios para las generaciones futuras. La Evaluación Global de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos presentada este año por la Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) evidenció cifras alarmantes cómo que el 75% de los ecosistemas terrestres, alrededor del 66% de los ecosistemas marinos y 55% de los cauces han sido alterados por las intervenciones humanas. Pero al mismo tiempo, la evaluación muestra que, con las acciones apropiadas, es posible revertir la degradación de muchos servicios de los ecosistemas en los próximos 50 años.

Así que los invitamos a reflexionar un poco más allá al momento de adquirir o desechar algo, pensar en los esfuerzos que el ecosistema tuvo que hacer para que eso llegara a tus manos. Preguntas como si verdaderamente es tan necesario esto que deseamos para nuestra vida o esta lo suficientemente inservible o irreparable para desecharlo. En la medida que podamos permitir que los ciclos naturales y los ciclos productivos vuelvan a reincorporar los recursos extraídos, lograremos el verdadero equilibrio y conexión con el medio ambiente.

Especial para Revista Edu.co
Por: Camila Puentes
Colaboradora de Waste2Worth
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