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Cortesía de: aeioTu

¿Cómo acompañar a tu hijo para que fortalezca su autonomía y se auto-regule?

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¿Quién no desea para su hijo una personalidad segura, con capacidades para enfrentarse a los retos de la vida de una forma creativa y entusiasta que le permita adaptarse con tranquilidad a las contingencias del día a día?

Esto, lejos de ser un deseo que pareciera muy exigente, es una realidad alcanzable a través de una educación que crea en el niño como un ser lleno de capacidades, autónomo y capaz de reconocer y regular sus emociones. Los niños adquieren autonomía y aprenden a auto-regularse cuando tienen a su lado adultos que están convencidos de que ellos son los protagonistas del proceso de aprendizaje.

Así entendemos a los niños en los centros educativos aeioTU Nogal y aeioTU Pasadena, por esto los acompañamos a fortalecer estas competencias y habilidades por medio de acciones pequeñas de su vida cotidiana. Entre estas acciones, hay muchas que las familias pueden también adoptar en casa, como cuidar de sus objetos personales y los de los otros; vestirse y ponerse sus zapatos; guardar su maleta y buscar los objetos o juguetes con los que quieren jugar; dejarlos en el puesto una vez terminan de usarlos; entre otros.

Adicionalmente, nuestros maestros hablan constantemente con ellos, partiendo de una escucha activa que les permita entender las situaciones por las que atraviesan los niños, identificar lo que llama su atención y acompañarlos a resolver los retos que se les presentan invitándolos a comunicar sus ideas y sentimientos y a reconocer sus emociones, para ayudarlos así a generar estrategias que les permitan regularlas.

De esta manera, un educador que identifica un niño que por ejemplo le ha pegado a otro va más allá de únicamente parar la acción: primero pregunta al niño qué ha sucedido; y entiende y valida la motivación de su conducta: “entiendo que querías jugar con el juguete que tiene Martina, y te sientes molesto porque ella lo cogió primero”. Luego dialoga con el niño sobre la consecuencia de sus acciones: “cuando le pegas a Martina, a ella le duele”. Después el educador pregunta al niño sobre su actuar “¿Crees que estuvo bien que le hayas pegado a Martina?” y lo invita a realizar un acto reparador una vez que logra que el niño entienda que causó dolor a la otra persona. Para finalizar, el educador invita al niño a reflexionar sobre diferentes estrategias para abordar esta situación. “¿crees que hay otra forma de tener el juguete para que puedas jugar con él?”.

Así, el educador reconoce al niño como un ser capaz que tiene la posibilidad de entender la causa de su accionar, analizar sobre sus acciones y buscar nuevas formas de actuar cuando se vuelva a encontrar en una situación parecida.

Fortalecer la autonomía y regulación en el niño, implica un acompañamiento cercano por parte del adulto, quien paulatinamente va tomando distancia, cediendo al niño la oportunidad de decisión. Para lograrlo, es necesario que el adulto defina metas acordes con el desarrollo del niño. Por ejemplo, un niño de 2 años tendrá la facilidad de interiorizar la rutina de llevar la ropa sucia al canasto, o pedir disculpas después de pegarle a un amigo; mientras que un niño de 5 años podrá vestirse sólo, doblar su ropa, y reconocer las consecuencias de sus acciones.

Es por esto que también se vuelve fundamental que el adulto persevere y ofrezca continuamente apoyo emocional al niño, para evitar la frustración ante aquello que aún no logra hacer; y para que tenga la constancia de intentarlo una y otra vez. De la confianza que el adulto transmite al niño depende, en gran medida, que éste se sienta seguro para lograrlo. Acompañar a niños para que desarrollen su autonomía y regule sus emociones, implica darles la oportunidad de decidir, de hacer de las rutinas disciplinas sólidas que aportan la certeza y seguridad que en este momento de sus vidas los niños requieren, hacerlos conscientes de que hacen parte de una familia, de una comunidad. Esto significa involucrarlos en la planeación de las agendas, en las tareas de casa y en general de los entornos en donde se desarrolla, instándoles a expresarse, a comunicar sus ideas y emociones, a la vez que validamos sus emociones y motivaciones.

Los niños adquieren autonomía y aprenden a auto-regularse cuando tienen a su lado adultos que están convencidos de que ellos son los protagonistas del proceso de aprendizaje.

Por
Catalina León Suárez. Profesional de apoyo psicosocial de aeioTU

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