Nuestro aire en las ciudades

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En los últimos años el tema de la calidad del aire, especialmente en las ciudades, ha tomado gran relevancia debido a que cada nueva investigación científica relacionada con esto, concluye que muchas enfermedades (respiratorias agudas y crónicas, Alzheimer, demencia temprana en adultos, diabete tipo 2 etc) y afectaciones (bajo peso al nacer, vulnerabilidad a enfermedades respiratorias, bajo desarrollo cognitivo, etc), antes no relacionadas, se producen o se agravan cuando vivimos en entornos con mala calidad del aire.

En la actual crisis por el covid-19 también se ha visto que las zonas más vulnerables, pero también con peor calidad del aire, son las más afectadas convirtiéndose en un agravante a una situación de por sí ya muy compleja de manejar.

Debido a que la medición de calidad del aire exige procesos que son técnicamente complejos y tecnológicamente avanzadas, el rol de la medición siempre ha sido centralizado y dejado a las instituciones gubernamentales ambientales.

Un solo equipo de medición modela grandes extensiones de área en una ciudad ocultando diferentes realidades locales, ejemplo: que la estación de calidad del aire de Usaquén diga que hay buena calidad del aire allí no quiere decir que en cada barrio y sector de la localidad este bien. Además un sensor de Material Particulado PM2.5 oficial puede costar de 80 a 100 millones de pesos cosa que hace imposible para un ciudadano del común medir su calidad del aire.

Por ello desde hace unos 5 años han ido apareciendo a nivel mundial iniciativas ciudadanas que buscan medir su propia calidad del aire con instrumentos de bajo costo, utilizando la ciencia ciudadana (open science, ciencia del común, ciencia participativa).

La ciencia ciudadana sugiere que la ciencia de alguna manera no es abierta e invita a que la ciudadanía sea parte del proceso de generación de conocimiento en todas sus partes y no sólo un apoyo en la toma de datos para los científicos. La ciudadanía puede y debe ser parte en todo el proceso desde el planteamiento de la pregunta investigativa, la metodología y la investigación en sí. Y también puede ser o no independiente de los expertos o buscar sólo su apoyo para inquietudes o validaciones, por eso se le llama también del común.

Debido al gran desarrollo tecnológico de sensores de bajo costo de calidad del aire a nivel global desde 2015 aprox, en especial de Material Particulado (el contaminante criterio más importante) que van desde los 30 dólares en adelante se ha popularizado su uso y los ciudadanos han comenzado a desarrollar herramientas tecnológicas para usarlos y lograr medir y entender la situación en que viven.

En Bogotá he estado midiendo Calidad del Aire desde hace 4 años con estos sensores en lugares como Transmilenio descubriendo realidades impactantes que afectan a millones de bogotanos.

Debido a este trabajo nos hemos organizado desde hace dos años un proyecto ciudadano abierto llamado CanAirIO que busca la creación de una red ciudadana de monitoreo de calidad del airefija y móvil usando sensores de bajo costo y celulares, mostrando realidades que no se hacen visibles con las estaciones oficiales.

El proyecto CanAirIO es open source, libre y de datos abiertos, eso quiere decir que cualquier persona en cualquier lugar del mundo puede construir su sensor sin que medie alguna transacción económica o limitación en el uso de los datos.

Esto se hace con el objetivo de que el proyecto sea fácilmente replicable, especialmente en comunidades vulnerables donde un sensor cuyos materiales pueden costar 50 dolares puede ser un costo muy alto y si le sumamos asuntos de licencias y sus limitaciones, se restringiría mucho su alcance siendo la mala calidad del aire una problemática que más sufren los que menos recursos tienen.

En este momento a través de apoyos ciudadanos y ciudadanos que han construido o comprado su sensor CanAirIO, tenemos 25 sensores funcionando en Bogotá, 30 en Colombia, 4 en Barcelona-España y 10 en otras ciudades del mundo.

En Bogotá esta red ha mostrado realidades como que en barrios de sectores vulnerables hay peor calidad del aire que en barrios con mejores condiciones económicas y que hay lugares de pésimo aire que no son reportados por la red oficial. Por ejemplo en el municipio de Soacha, que actualmente oficialmente no tiene monitoreo en tiempo real, tenemos 3 sensores que han reportado y siguen reportando que este municipio tiene peor calidad del aire que nuestros sensores en Kennedy (la localidad más contaminada de Bogotá según reportes oficiales) y esta información es útil para que los ciudadanos se empoderen y trabajen por la mejora y cambio de esta situación.

La invitación que hago a todo ciudadano interesado en el tema de calidad del aire, es que comience por investigar si en el lugar que habita ya existen redes de monitoreo oficial, si es así ¿cómo consultarlas?, ¿se pueden ver los datos en tiempo real? ¿son confiables?.
Y luego si hay un mayor interés y con una mínima inversión comience a experimentar con este tipo de sensores de calidad del aire de bajo costo, sea con nuestro proyecto CanAirIO o sea de otras iniciativas, para que entienda de primera mano la dinámica de la calidad del aire en que vive.

A profesores y padres de familia en especial, es importante invitarlos a que eduquen a sus hijos en este tema que los afecta en mayor medida comparado a nosotros los adultos y que de seguro podrán hacer más cambios de raíz y efectivos que los que podremos hacer nosotros en el corto plazo. Las limitaciones técnicas y económicas de hace una década ya están superadas, y ya existen herramientas de bajo costo y abiertas, como CanAirIO, que pueden apoyar esa labor.

Especial para Revista Edu.co
Por: Daniel Bernal
Ingeniero integrante CanAirIO
https://aireciudadano.com
https://canair.io

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