Daniel Samper Ospina, ante todo libertad e independencia

Daniel Samper Ospina, ante todo libertad e independencia

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Daniel Samper Ospina, uno de los más reconocidos periodistas, columnistas y escritores colombianos habló con la Revista Edu.co acerca de su paso por el Gimnasio Moderno y de cómo este formó su carácter libertario.

Con su pluma aguda, afilada, punzante y satírica, Daniel Samper Ospina es un bogotano, nacido en 1974, que ha dedicado su vida a ejercer el periodismo y a escribir artículos de opinión que han dejado mal parado a más de uno. Fue editor y director de la revista SoHo y actualmente es columnista de la revista Semana, donde sus letras sarcásticas, sus críticas políticas y su humor picante lo llevaron a ser galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, en el año 2014.

Este hombre, enamorado de su esposa, Claudia García y de sus hijas, Guadalupe y Paloma, estudió en el colegio Gimnasio Moderno; luego, cursó programas de literatura en la Universidad de Harvard y se graduó como profesional en estudios literarios de la Pontificia Universidad Javeriana.

Aunque muchos han escrito sobre su trayectoria profesional y han conversado con él a cerca de sus cinco libros, ‘El Club de Los Lagartos’, ‘Sálvese quien pueda’, ‘Volveremos’, ‘Las aventuras de Pachito’ y ‘El As bajo la manga’, en esta oportunidad queremos que conozcan más sobre sus vivencias y los aprendizajes que obtuvo en sus años escolares.

El Gimnasio Moderno, basado en el principio de que los niños son interlocutores válidos en el proceso de enseñanza, y por lo tanto, la escuela está en el deber de respetar y valorar su singularidad, ha formado hombres autónomos, libres y cultos, donde la confianza, sembrada en ellos, ha guiado sus propósitos.

“Creo que la clave de este colegio es una expresión de su fundador que se llama la disciplina de la confianza, que es basar la educación en la autorregulación, que uno no necesita tener unas cercas electrificadas para encontrar sus límites, sino que al contrario, los va encontrando en la medida en la que uno alce su propio vuelo. Entonces, creo que es toda una manera de ver la vida y defender la libertad, también de equivocarse si se quiere, pero a sabiendas de que las equivocaciones hacen parte de esa libertad y no de una obediencia ciega”, afirma Daniel.

Un periodista que no discrimina a nadie, pues cualquier político, personaje público, o incluso, cualquier persona cercana a los dueños del medio de comunicación para el que trabaja, pueden ser el blanco de su paredón. Reconoce que esta independencia la adquirió desde que era pequeño. “Fue una etapa en la que pude ejercer todos mis gustos, fueran los que fueran, en la que respetaron mi autonomía, libertad y en la que fui educado entre el margen de respeto por la libertad y los valores de la ilustración”, explica.

Comenzó su vuelo hacia la escritura desde la revista ‘El Aguilucho’, que ha sido una publicación independiente de los directivos del plantel, desde 1927, donde los alumnos son los encargados de darle vida a esta propuesta literaria y periodística.

“Me enseñó a ser libre que es la única manera decente de ejercer el periodismo, a ser independiente. El Aguilucho era una revista en la que uno podía publicar una foto en calzones de la esposa del rector y probablemente lo echaban, pero la foto salía publicada, porque había un respeto absoluto por la libertad de expresión. De modo que aprendí que ese es el único parámetro que habría que hacer valer”, comenta Daniel.

Recuerda que los mejores momentos de su vida, sus anécdotas más significativas y sus mejores amigos nacieron del Gimnasio Moderno, al que le agradece principalmente su formación académica y que le inculcaran su amor por la poesía y la literatura.

“Yo creo que allíhice mis grandes amigos, dentro de ellos a Ricardo Silva con quien me amisté en el taller de letras de este colegio y con quien sostengo una amistad en la vida y en la literatura, también de modo que le debo todo. Tuve el profesor que me presentó la poesía, que es un gusto casi espiritual que me acompaña a lo largo de la vida, recuerdo las clases del profesor Pomilio Iriarte que marcaron mi rumbo y me definieron como una persona que necesitaba estar cerca a las letras”.

Para Samper, el humor le ha servido para aguantar al mundo y soportarlo, pero principalmente para tomar distancia de él, algo que también surgió desde este plantel educativo. “Creo que este es un colegio en el que entienden que el humor es un valor fundamental. Aquel que sea condescendiente con la autoridad de manera ciega no lo tratan como en otros colegios, donde lo premian, no, aquí lo castigan. Aquí hay una visión humorística de la vida que ha sido fundamental para soportar la mía propia”, dice.

También es un apasionado por la educación, la cual considera que se debe adaptar a lo que cada alumno es y respetar sus pensamientos y gustos. “la clave de la enseñanza, yo creo que es conseguir que las personas tengan o logren su propia estatura, no meterlas en un molde para que todas sean iguales, sino ser capaces de sacar la mejor versión que tienen por dentro de sí mismas”.