Martha Bonilla Gamba: Fundadora del Liceo Juan Ramón Jiménez, una mujer adelantada a su época.

Cortesía Liceo Juan Ramón Jiménez / El Espectador

Martha Bonilla Gamba: Fundadora del Liceo Juan Ramón Jiménez, una mujer adelantada a su época El pasado 26 de enero de 2019 falleció Martha Bonilla, fundadora del Liceo Juan Ramón Jiménez. Revista Edu.co publica esta entrevista realizada en agosto de 2013, con admiración a su legado en el sector educativo colombiano.

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Marta Bonilla, una mujer educada dentro de un mundo intelectual, donde su gran inclinación son las letras. Su más grande sueño lo crea 50 años atrás: El Liceo Juan Ramón Jiménez, lugar al que le ha entregado cuerpo y alma, para lograr lo que es hoy en día.

Este artículo es un homenaje a ella, quién después de todos estos años, entrega la rectoría a su hija Claudia. Marta nació en Cali en medio de una familia de poetas, altamente humanista. Es criada en medio de libros, lo que marca completamente su vida. Una mujer que a sus 19 años de edad inicia su etapa como mamá, que nunca se detuvo, siguió soñando, y de esa manera,
logró lo que se propuso.

En una época de su vida, Marta vive en México, lugar donde tiene la oportunidad de relacionarse con un grupo grande de intelectuales mexicanos como Sergio Pitol y Carlos Fuentes, entre otros. Es allá donde empieza a conocer y a tener inquietudes sobre las nuevas propuestas de la escuela activa que se generaba en México en aquel entonces. Al regresar a Colombia, su esposo se incorpora como profesor en la universidad Nacional en el departamento de física y matemática, momento importante en la vida de Marta, pues es cuando conoce a Manuel Vinent, un español que trabajaba en la Nacional, y con quien, en medio de grandes tertulias, encuentran una gran cantidad de sueños comunes, sueños donde se imaginaron una escuela en la que podrían poner a funcionar todas sus ideas de romper definitivamente con el modelo tradicional de enseñanza.

Sueñan una escuela donde se acabara la idea de que el maestro es quien sabe todo y el estudiante nada, donde se creara un acercamiento en la relación afectiva entre el maestro y el alumno, la cual, para esa época, no era viable.

El Liceo Juan Ramón Jiménez nace en 1962 con quince estudiantes hijos de amigos. Su primera sede es una casa en la 85 con séptima; y aunque aún no tenían ni la primaria completa, siguieron adelante. Empezaron a trabajar sus ideas y a tratar de ponerlas en juego
socialmente, logrando, no solo que crecieran, sino que el colegio fuera uno de los primeros en identificarse, hasta hoy en día, como una institución basada en todo lo opuesto a la educación tradicional.

En un principio Marta trabajaba en casi todos los campos del colegio, era profesora de literatura, a la vez llevaba la contabilidad y también era la secretaria. Con Manuel, se
repartían todo tipo de trabajo para que todo saliera como algún día lo habían soñado, trabajo que logró dar el fruto de lo que hoy en día es el colegio.

“La impronta de mamá en el colegio, en la parte humanista, toca uno de los elementos quizá más sensibles del Juan Ramón Jiménez, que es la literatura” cuenta su hija Susana, recordando aquella época en que su madre les enseñaba lo importante de ser y hacer.

Claudia Gamba, otra de sus hijas, y nueva rectora del colegio, resalta de su mamá el que haya sido, y siga siendo, una mujer con una enorme cultura, con un gusto por la lectura a tal punto, que ha experimentado ella misma, por medio de la poesía, un camino de resolución humana y que la hizo sensible al encuentro con los otros, por su capacidad de acoger al otro en su diferencia, “es una mujer con una mirada sobre lo humano muy amplia, todo le cabe en su cabeza. Amplia y receptiva de cualquier expresión humana. De hecho, el colegio sin uniforme tiene que ver con eso, porque finalmente el no tener uniformes no unifica a la gente. Lo que tiene el colegio gracias a ella, es un gran respeto por la diferencia. “En un mundo donde a veces la diferencia se concibe como peligrosa, ella, con ese espíritu, se adelantó a su época” nos cuenta Claudia.

Evangelina, una mujer que desde que entró al colegio ha sido uno de sus más grande apoyos, resalta en Marta su “agudeza de poner el ojo en aquello que permaneció. De meterse con cosas que hicieron cause de largo alcance. La pedagogía activa es un ejemplo de esto”.

Una mujer salida de su época

Mayo del 68 fue una fecha importante para ella porque se daba por primera vez un cambio y una búsqueda de la gente joven en Europa, que luego permeó acá en Colombia. Una búsqueda precisamente, de entender nuevas educaciones, nuevas posturas éticas, de tener en cuenta al otro trabajando en conjunto y construyendo en sociedad con un mayor nivel de equidad.

Otra característica de Marta es su capacidad para crear consensos, “alguien puede pensar diferente a mi pero podemos encontrar un punto para llegar a tener algo en común y la relación funciona a partir de ese punto en común”, explica Claudia, “eso es lo que hace un trabajo en equipo. Crea un espíritu colectivo de trabajo. Ella ha podido soñar y realizar” termina.

“Todo lo que implicara una revisión hacia atrás, enfocada hacia la construcción de cosas nuevas, siempre la caracterizó. Es una mujer muy sensible en eso” cuenta Evangelina. Sus profesores sienten una gran admiración y cariño hacia ella, “Marta, una mujer muy actual, siempre con una mirada de la permanencia y del movimiento al mismo tiempo, ella fue el motor de los maestros que pasaron por sus manos en el colegio” cuenta Jesús Matta, uno de los profesores de humanidades del Colegio.

La parte práctica de un colegio requiere de muchas cosas, y ella fue siempre muy apersonada de todo lo que tuviera que ver con esto. El colegio siempre ha sido un tema muy importante para ella. Sus hijas recuerdan las tertulias que tenía su mamá con sus amigos intelectuales, viendo reflejadas en el colegio, esas ideas desarrollaban, discutían y pulían, un grupo de intelectuales reunidos los domingos.

Marta, hasta el año pasado (2012), momento en el que el colegio cumplió 50 años, estuvo siempre presente ocupando su posición de directora. Este año, ha iniciado la transición, y sus cuatro hijos han tomado el mando del colegio.

Marta se despide del colegio con estas palabras a sus ex alumnos, “El tiempo nos ha ido transformando a todos, al Liceo, a ustedes y a mi misma. Hemos aprendido de la vida, hemos crecido, hemos madurado. Sin embargo, hay cosas que permanecen frente al mundo actual, a este mundo que ha escogido el camino de lo efímero y de la obsolescencia planeada, el modelo que hemos permitido construir, busca dejar las bases de una sociedad distinta y también, más justa y equitativa“

“El colegio tiene que ser sensible y cuidadoso frente a las madres cabeza de familia”, decía Marta. Sus hijos, la ven como una mujer con una solidaridad de género impresionante”.

Por: Daniela Arévalo

Columnista Revista Edu.co